23.8.12

"En un minuto uno puede volverse otra persona".

Esta semana estoy corrigiendo Relato de Navidad en La Gran Vía, también de Ricardo Silva Romero y, por esas cosas que tiene la vida, hay varios párrafos que me caen como anillo al dedo para esta semana, como este, por ejemplo:

"Hace un par de horas mi problema era mi vida. Después me concentré en devolverles este carro a sus dueños. Ahora me preocupa vengarme de esa pareja que se ríe mientras elige una película para ver por la noche. Así es la vaina. Las cosas cambian de proporción de esa manera. En un minuto uno puede volverse otra persona. Uno puede sentirse triste cuando se entera de cualquier desgracia (el hijo de ayer de alguna amiga sí nació con hemofilia, un niño tiene sida en vez de sangre entre las venas, un avión acaba de explotar en pleno vuelo), uno puede enterarse de lo peor de lo peor, y sufrir durante toda una hora o un minuto completo, y después sentirse, como en la canción, “de dos pies de altura”. Pero un poco después uno se entera de una gran noticia (ella dijo que sí, ya viene la última película de Spielberg, hay un postre que le gusta en la nevera) y es como si en ese minuto se salvara todo un día de mierda, como si gracias al segundo cuando a uno lo mira la vieja más linda del salón se soportara la tristeza y el desgano de todo un día de clases".

Y así estamos. Por alguna razón, sigo pensando y creyendo que todo saldrá bien.