8.8.10

sobre el odio gastronómico

Comer es una de mis actividades preferidas. No como porque toca, porque si no uno se muere, sino porque me gusta, me encanta. Y, afortunadamente, estoy rodeada de personas que comparten esta afición por la comida: la buena, la chatarra, la costosa, la casera, la rara, la de otros países, la de todos los días... Entonces, tratándose de una actividad cotidiana, uno diría que es muy fácil ser feliz siendo aficionado a la comida; pero no, la cosa no es tan sencilla porque, a veces, la comida no sabe bien, no está bien hecha, uno no sabe bien qué es lo que quiere o cuando sabe lo que quiere, resulta ser algo espantoso. Y ahí es cuando entra la otra cara de la moneda: el odio gastronómico. Este concepto que le debo a Caro no es fácil de explicar por escrito, pero es muy fácil de entender una vez se experimenta. Por eso, voy a explicarlo con un ejemplo, con la experiencia que me motivó a escribir esta entrada.
La semana pasada fuimos Tomás, Carolina y yo a tomar onces en Rausch (¡una pastelería!). Nos sentamos, vimos la carta y pedimos. Yo pedí un pie de manzana y un capuchino. Una de mis combinaciones favoritas para las onces desde hace muchísimos años. No soy una experta en pies, ni mucho menos, pero sí sé cuando algo está cocinado y cuándo está sin cocinar. Además, tengo puntos de comparación que dejaron muy buenos recuerdos en mi memoria gastronómica, como el pie de manzana de H&B, o incluso el de Oma.
El primer bocado me pareció algo extraño porque la masa estaba como blandita, pero pensé "Debe ser que el pie de acá es diferente", pero a medida que fui avanzando, lo que debería haber sido un delicioso postre, se convirtió en una experiencia bastante desagradable y, lentamente, me fui llenando de odio; si, de odio gastronómico. Porque yo quería un pie de manzana, no una cosa sin terminar de preparar, con la masa cruda y, para completar, en una porción minúscula. Entonces, me quejé con el mesero, no dejé propina por mi parte y me fui del sitio con furia, alegué por el camino hacia el carro, juré no volver al sitio, pero nada de esto sirvió para acabar con el odio gastronómico del momento.
Así fue como esta semana descubrí que el odio gastronómico es sumamente poderoso en mí y que, realmente, es lo único que logra quitarme las ganas de comer. Yo no odio a nadie, pero sí odio al odio gastronómico.

4.7.10

"Lo nuevo no borra lo viejo".

Esta reflexión de William Opsina me cae muy bien en este momento de la vida:

El lugar y el planeta

1.7.10

i'll do it naturally

I can sense your needs
like rain unto the seeds.

I can make a rhyme
of confusion in your mind.

And when it comes back
to some good old-fashioned love
I've got it...

http://www.youtube.com/watch?v=ENfuFMrmw54

23.6.10

nos despedimos...

Y cuando nos fuimos, el cielo empezó a llorar...

27.3.10

en degradé

detesto los pensamientos/sentimientos encontrados
detesto la falta de claridad mental/emocional
no quiero estar pensativa
no quiero estar dudosa
no quiero estar triste
no quiero sopesar
no quiero revisar
no quiero más
no quiero
no más
 

15.2.10

una imagen vale más que mil palabras

Esta siempre me ha precido una frase cierta y, en el caso del cine, creo que lo dice todo.

Me encanta el cine y hoy recomiendo especialmente Los abrazos rotos; tiene unas imágenes muy bonitas que no necesitan de palabras.

1.1.10

la revelación de las uvas

Es primero de enero de 2010 y cuando iba por la cuarta o quinta uva de año nuevo, me di cuenta de que no tengo una gran cantidad de deseos individuales por cumplir. La mayoría de mis deseos fueron por Tomás, por mi familia, por mis amigas y amigos (esta diferencia no se debe a que yo sea políticamente correcta, sino a que realmente pedí deseos diferentes para mis amigas...).

Estoy agradecida por que soy muy feliz y siento que no me hace falta gran cosa para seguirlo siendo. Quienes me conocen bien, saben que para mí la felicidad es muy simple, es equivalente a la tranquilidad.

El 2010 será un año excelente y, por eso, le doy la bienvenida.